La sopa de calabaza es imprescindible para las noches de otoño y, con algunos detalles peculiares, ¡se vuelve simplemente inolvidable! Después de batir la calabaza y la cebolla cocinadas con caldo y un toque de leche de coco, es hora de personalizar. Unas pocas sobras bien conservadas pueden marcar la diferencia: feta desmenuzada para un toque salado, picatostes caseros hechos con pan duro o semillas de calabaza tostadas para una nota crujiente y sabrosa.
Además de evitar el desperdicio, estos añadidos elevan tu sopa y te permiten aprovechar de forma inteligente lo que tienes a mano. Guarda tus molduras en bolsas multiusos Zipper® Albal® para tenerlas siempre listas para usar. Y si has cocinado en grandes cantidades, siéntete libre de congelar la sopa en una bolsa Ultra-Zip® para congelar.
Un poco ingenioso: La aplicación gratuita Foodsaver de Albal® te recuerda cuándo descongelarlo para disfrutarlo. ¿El resultado? Una cena rápida, sana y reconfortante... ¡Y cero residuos!